Dos arqueros en Carolina del Norte

Queremos compartir con todos los socios, abonados y amigos del club Arqueros de Madrid el fantástico día que pasamos el 27 de agosto de 2014 en Maiden, Carolina del Norte, en EE.UU. Angela y yo solemos ir todos los años a un macroevento en Atlanta, en el estado de Georgia, pero en esta ocasión decidimos buscar en “los alrededores” un club de tiro con arco de recorrido bosque. ¡Bingo! A algo más de 4 horas en coche, en el tranquilo y bonito pueblo de Maiden, dimos con Carolina Traditional Archers (su web es http://thecta.org y son unos 150 miembros), un club de tiro con arco de recorrido bosque que se dedica en exclusiva al tiro con arco tradicional (longbows, flatbows, recurvos tradicionales y hasta arcos hechos por ellos mismos). Meses antes de viajar contactamos con ellos por correo y nos respondieron el presidente Dave Haggist y el tesorero Jim Vogt encantados con la posibilidad de compartir un día con nosotros.

Tras intercambiar algunos correos, recibimos este último el 14 de agosto, poco más de 10 días antes de nuestra visita.

Hello Pablo y Angela, Tom, Maggie and I look forward to meeting you and enjoying a good day of archery and fellowship.
Best Regards,
Jim

En la tirada de la liga del club de julio habíamos hablado con nuestro presidente, Juanjo, para ver qué podíamos llevar como muestra de agradecimiento por la hospitalidad e inmediatamente nos hizo entrega de pines, un polo y una copa. Angela y yo encargamos entonces una placa para la peana que reprodujera de alguna manera el texto final del correo de Jim. “Good archery and Fellowship. CTA August 2014”. Podéis ver dos fotos de cómo quedó.

Cuando finalmente llegó el día accedimos en coche por un camino de tierra que se internaba un kilómetro en una espesa masa forestal de hoja caduca y árboles muy altos. El club, que dispone de un territorio semisalvaje de unas 6 hectáreas se encuentra en el interior de esa masa forestal y a pesar de las altas temperaturas al sol, a la sombra de los árboles se estaba estupendamente.

Nos recibieron Jim Vogt, Maggie (su esposa) y Tom. Hay que recordar que era un miércoles por la mañana, no un festivo ni un fin de semana y estas personas, muy activas en el seno del club, habían dejado a un lado sus quehaceres para preparar un recorrido ad-hoc de 10 animales en posiciones semi-escondidas simulando posiciones realistas de caza. Inmediatamente sentimos el compañerismo entre arqueros y dado que ni Angela ni yo tenemos problemas con el inglés a los pocos minutos casi parecíamos una patrulla de amigos. A mí me prestaron un Bear Grizzly (modelo vintage) de 45 libras a 28” y un Great Plains de 40 libras a 27” mientras que a Angela, al no tener en ese momento un arco de menos de 30 libras, le dejaron un arco de iniciación de, calculamos, unas 18 libras. Tras calentar en unas dianas en una zona aparte cerca de una caseta muy del estilo de la que tenemos nosotros, les hicimos entrega del regalo, que les encantó. Ya listos nos pusimos en marcha y fuimos andando por un camino serpenteante a cuyos lados habían colocado las dianas. Antes de la primera diana, nos mostraron un cartel que habían preparado para nosotros y en donde se podía leer una traducción “de aquella manera” del texto en inglés “Archer’s course. Keeping the tradition alive”. Se podía leer “El curso de los arqueros. Nuestra lema no se pierda”.

Rápidamente nos preguntaron si habían cometido algún error con su conocimiento del español y entre algunas risas reconocimos que el uso de “curso” estaba un poco pillado por lo pelos pero que claramente “Nuestra lema” debería decir “Nuestro lema” ya que “lema”, aunque terminara en “a” no era femenino. Les dijimos que el cartel así parecía mucho más auténtico y divertido. El recorrido en sí era muy bonito y habían colocado los animales de forma que después de tirar, recogíamos y volvíamos al camino. Tanto Angela como yo nos sentimos muy cómodos con nuestros arcos prestados y fuimos dando buena cuenta de todas las dianas, igual que nuestros anfitriones, lo que siempre hace que todo el mundo disfrute mucho más.

Disparamos a pavos, osos, ciervos, jabalíes, mapaches y en general fauna que puedes encontrar en los alrededores en temporada de caza. Nos gustaron mucho las últimas dos dianas, que se tiraban desde una plataforma elevada de madera. Las distancias rondaban los 10, 15 o 20 metros pero la clave era la forma en la que estaban colocadas las dianas, muy tapadas por troncos o ramas en medio, dificultando muchísimo la vista del “muerto”, lo que hay que reconocer que lo hacía a veces mucho más complicado pero más emocionante. Más de una flecha de madera de Tom no volvió intacta al carcaj ese día.

Al volver del recorrido, comimos magníficamente una especie de carne mechada que había preparado Tom con varias salsas y molletes de hamburguesa bajo un techamen de madera con bancos corridos y mesas alargadas. También nos regalaron dos camisetas del club que tenían del evento anual que une a las arqueros de Carolina del Norte y del Sur.

Charlamos animadamente y aprovechamos para hablar de todo un poco y acercar entre todos ambos países y aficiones por el tiro con arco. Cuando ya no había sitio para comer más, Maggie apareció con un delicioso bizcocho casero de arándanos y queso para rematar el “lunch”. Tras descansar unos minutos, yo decidí cambiar de arco y probar el Bear Grizzly y nos fuimos a hacer un segundo tour. Esta vez Maggie (que había sido campeona del estado un año atrás) se quedó en la zona común a descansar así que nos fuimos los cuatro a disparar más flechas, esta vez desde posiciones ligeramente diferentes. Cuando llegamos de nuevo a la plataforma, rehicimos el recorrido de vuelta otra vez, esta vez proponiéndonos pequeños retos entre nosotros de forma que, en cada diana, a uno le tocaba elegir la posición de tiro y el resto tenía que aceptarla incondicionalmente. Esto dio lugar a muchísimas risas y flechas que lo mismo arrancaban aplausos que caras de circunstancias.

Podéis ver un vídeo de medio minuto de un momento cualquiera de la tirada.

Para los amantes de la sana rivalidad, creo que podemos decir que dejamos el pabellón de Arqueros de Madrid bien alto. Angela conseguía tiros parabólicos bellísimos con sus apenas 18 libras mientras que yo me encontré comodísimo con el Great Plains primero y el Bear Grizzly después a pesar de sumar unas libras más de lo que estoy acostumbrado.

Al término de la tercera vuelta al recorrido, nos reencontramos con Maggie y nos hicimos una foto de despedida.

Nos despedimos muy afectuosamente con la intención de volver a vernos en el futuro. Fuimos cordialmente invitados a volver al club cuando quisiéramos y nosotros reiteramos la invitación que ya en su día les habíamos hecho llegar si alguna vez viajaban a Madrid.

La verdad es que poco más podemos decir. Recomendamos a todo aficionado al tiro con arco y en particular el de recorrido bosque que aprovechen la oportunidad, cuando vayan a viajar y dispongan de un día o dos de cierta libertad, para buscar un club de tiro en la zona e intentar hacer una visita y conocer a otros tiradores, pasar un día agradable en el que se disfrute, como decía nuestra placa de “Buena arquería y compañerismo”. Es prácticamente seguro que volvamos a visitarlos el año que viene a principios de septiembre aprovechando un viaje recurrente y nos encantaría que se convirtiera en tradición entre clubes.

El cartel que nos entregaron lo llevamos hoy, 7ª tirada de la liga del club, y se ha colocado al menos de momento dentro del tablón de anuncios de fuera de la caseta. Ahora todo el que haya leído esta crónica conocerá la historia de cómo ese cartel viajó de Maiden, Carolina del Norte, al club Arqueros de Madrid.