Tirada nocturna en Bastión de Alanos

Nunca habíamos tenido la ocasión de asistir a una tirada nocturna y la oferta de Bastión de Alanos de este verano encajaba a la perfección con nuestras ganas de pasar una noche tirando flechas.

Una tirada nocturna te obliga a preparar el material de forma especialmente cuidadosa. Por un lado, al ser los tiros más arriesgados uno tiende a elegir las flechas que no gozan de un lugar privilegiado en nuestros corazones arqueros y así llorar menos su pérdida o rotura. Por otro, sin embargo, es conveniente adosar a las flechas algún artilugio luminoso que nos permita tanto visualizar dónde impactaron y obtener una valiosa referencia como encontrarlas más fácilmente cuando han fallado su objetivo.

Angela escogió sus flechas Bearpaw Slim Penthalon 1000 "timber" que apenas usa por no convencerle la estética (normalmente tira con las Slim Penthalon 1300 "black") y yo simplemente cogi las flechas de madera de la hornada anterior en donde mostraron que una pulgada mas largas las convertian en demasiado blandas.

Con estas flechas suficientemente buenas pasamos a adosarles unas bolitas rojas que yo habia comprado hacia meses. Estas bolitas no emiten luz hasta que son expuestas a un foco durante unos segundos. La luz que emiten a través de una reacción fluorescente probó ser completamente inservible así que no lo recomiendo en absoluto. Lo mejor es comprar bastoncillos de luz química del mundo de la pesca.

Quedamos con Borja en casa y nos fuimos los tres al club en un mismo coche para llegar sobre las 21h. De camino, Angela y yo le hablamos un poco del club Bastión de Alanos y de por qué merecía tanto la pena que alguien como él, que apenas lleva dos meses tirando, tratara de pasarse de vez en cuando.

Al llegar nos recibieron magníficamente, como a esos primos que por vivir lejos se prodigan poco pero a los que siempre hay ganas de ver. Jacobo me hizo entrega de uno de los colgantes de plata en forma de cabeza de lobo que hacía meses me había prometido que me regalaría y al que tendré que buscar un lugar especial. Al haber todavía luz nos fuimos los tres a tirar unas flechas a la zona de calentamiento para que cuando llegara el momento de empezar la tirada estuviéramos relativamente preparados.

Cuando notábamos que la luz empezaba a deshacerse a pasos agigantados el club sacó los platos de chorizo, queso, empanada, ensaladilla rusa, saladitos, tortilla de patata, etc, junto a los refrescos que quisiéramos y cenamos todos juntos en la zona de descansos, con las mesas corridas y los bancos de madera al más puro estilo merendero.

A las 22.30h nos juntaron a todos y nos dieron las instrucciones y notas sobre el reglamento. Serían 14 dianas a dos flechas con puntuaciones de 10-8-5. Para recurvo y longbow tendríamos dos opciones a elegir. Bien tirar desde la piqueta azul con una linterna apuntando al animal o bien tirar más cerca, desde la piqueta negra, sin ninguna iluminación más que la que proporcionara el cielo estrellado y la luna en cuarto menguante.

Una foto que tomo prestada para transmitir las sensaciones :)

Nuestra patrulla, bien nutrida, estaba compuesta por Javier, Julia, Tomás, Óscar, Borja, Angela y yo mismo. Dos longbows, Javier y yo, y el resto recurvos.

Fuimos caminando en fila india con nuestras linternas y focos por el campo hasta llegar a la piqueta de la diana 3. Apenas hacía viento y disfrutábamos de unos agradables 25 grados. La mayoría íbamos en camiseta de manga corta. En cuanto nos alejamos unas decenas de metros de la zona de descanso, la oscuridad y el silencio se hicieron muy evidentes. El resto de patrullas se encontraban esparciéndose por el campo de la misma forma y muy pronto les perdimos la pista.

Una vez en nuestra piqueta inicial no tuvimos que esperar mucho hasta oír el lejano claxon de un coche, señal de que daba comienzo la tirada.

El procedimiento era sencillo. De uno en uno y en un orden rotativo, tirábamos dos flechas desde la piqueta azul o negra, según cada uno decidiera. Uno o dos compañeros de patrulla iluminaban con linternas el objetivo (si era piqueta azul) y dispárabamos nuestras dos flechas. Borja, Angela y yo nos guiábamos por el sonido del impacto para saber si habíamos impactado o no, sin nunca llegar a ver la flecha con nitidez. Otros, mejor preparados, tenían nocks luminosos o bastoncillos químicos que dejaban muy claro dónde había impactado cada flecha. Esto era especialmente útil para la segunda flecha.

En general, lo habitual era fallar al menos una de las dos flechas. Las distancias sin ser muy largas no eran particularmente agradecidas. Haciendo honor a su tradición IFAA, Bastión de Alanos se aseguró de que esta tirada nocturna pudiera ser una situación de caza relativamente realista.

En nuestra patrulla había buen nivel en general y rara vez tuvimos que perder mucho tiempo buscando flechas, no tanto por las pistas luminosas sino porque no se alejaban mucho del blanco.

Cuando tiras con arco en circunstancias así, en donde apenas te puedes ver a ti mismo o a tu arco y como mucho ves iluminada la diana, es cuando más tienes que recurrir al instinto. No están claras las distancias, no hay referencias periféricas de piedras o ramas, no hay nada más que una especie de pantalla de cine en donde se proyecta la imagen parcial de un animal. ¡Cuesta hasta colocar la flecha en la cuerda! Las sensaciones son geniales. Esperas tu turno con mucha anticipación, cada diana se vuelve un pequeño torneo en sí mismo porque desprovista de todo lo que la hace semejante a las otras a la luz del día se queda solo con lo que la hace especial. Tirar de noche tiene además dos efectos (al menos en nuestra patrulla). Uno, hay mucho más silencio en general y durante los tiros en particular. Más que hablar, susurramos. Dos, al estar el propio arquero prácticamente a oscuras, no hay mucho espacio para comentar aspectos de la técnica. No vemos cómo anclamos o soltamos salvo en contadas ocasiones, así que ¿cómo juzgar una flecha que se fue alta, baja o de lado? Nos encogemos de hombros y seguimos con la tirada.

Según avanzó la noche los ruidos nocturnos se hicieron más y más intensos. Además del tren que cada hora pasaba rugiendo por detrás de nosotros, por las vías que corren paralelas al club, las ranas, grillos y pájaros varios se iban envalentonando más y más. Muchos tiros, la patrulla en silencio, tenían al arquero o arquera en tensión y concentración mientras el campo alrededor bullía de actividad. Luego soltaba la flecha que desparecía momentáneamente para reaparecer con un impacto sordo en la diana. Ése era el único sonido que conseguía darnos algo de ventaja contra todos los animales a nuestro alrededor.

Entre diana y diana, siempre caminando en fila de a uno, atravesábamos zonas más o menos densas con vegetación y más de una vez yo escuché movimientos furtivos a escasos metros de nosotros, seguramente de algún conejo, lagarto o culebra que no esperaba esa procesión a esas horas.

En cuanto a lo bien o mal que tirábamos, hubo de todo. Borja, que hizo su entrada en la afición el 28 de mayo de este año y apenas lleva un mes con su arco, hizo una actuación excelente. No conocía el campo, nunca había tirado en una tirada social y, por el mismo motivo, era su primera tirada nocturna. Sin embargo, consiguió enchufar buenos tiros. Estoy particularmente orgulloso de lo bien que vuelan las flechas que le encargué, unas Penthalon Traditional 800 con puntas de 100 grains. Tuvo un recorrido más o menos equilibrado en aciertos y fallos y se mantuvo mentalmente entero todo el tiempo, algo clave para todo arquero que se precie.

Angela, que es una criatura de la noche, se encontraba en su salsa, completamente despierta y mostrando su mejor técnica mantuvo una curiosa regularidad. Impactaba con la primera flecha pero habitualmente fallaba la segunda. No es que la segunda se fuera de lateralidad, era solo un problema de altura. O se iba un poco baja o un poco alta, pero perfectamente bien centrada. Es curioso, y seguro que tirar de noche y sin referencias tuvo que ver, pero son circunstancias difícilmente reproducibles cuando practicas así que nos tendremos que quedar con la anécdota. Recuerdo una diana de una cierva tumbada a unos 20 metros, en donde decidí observar en penumbra el anclaje y suelta de Angela en lugar de mirar al objetivo. Abrió perfectamente, ancló con seguridad usando la espalda y tras dos o tres segundos la mano de la cuerda se deslizó limpiamente hacia atrás. Fue precioso y no me sorprendió escuchar un "¡tuc!" que luego desveló ser un pulmón perfectamente centrado, ligeramente encima del corazón. Para mí fue el tiro de la noche.

Por mi parte, empecé fallón pero luego encadené tres o cuatro dianas impresionantes (18, 18, 13, 15). Desafortunadamente creo que el fresco me empezó a pasar factura y me fui agarrotando un poco haciendo que hacia el final del recorrido tuviera que estar muy muy concentrado para conseguir impactar aunque fuera una flecha. Aunque no me vi especialmente fino eso no impidió que disfrutara muchísimo de la tirada nocturna, sé separar en mi cabeza ambos aspectos de una tirada y ver la osa mayor encima de nuestras cabezas mientras disparábamos a unas perdices compensa cualquier sensación "regulera" en el tiro en sí.

Cuando por fin terminamos sobre las 01.45h, nos dirigimos a la zona de descanso. Al acercarnos a las luces y al ruido me recordó la sensación que los caminantes nocturnos deben de ser sentir cuando por fin alcanzan un pequeño núcleo urbano.

Jacobo nos ofreció tintos de verano y colacaos calientes por igual y nos entretuvimos hablando de la tirada un rato más mientras entregábamos nuestras tablillas de puntuación y esperábamos al resto de patrullas para dar por concluida la tirada. Cuando la última patrulla finalmente hizo acto de presencia se confirmó mi intuición, Angela había sido la ganadora en categoría recurvo femenino con amplio margen. Por mi parte, dos puntos me separaron del ganador, Javier Gamboa, en mi categoría de longbow masculino.

Angela recibirá como premio una camiseta con un nuevo diseño de Bastión de Alanos y su nombre (ella eligió su pseudónimo "Ghilbrae") también grabado en la camiseta personalizada. Esto significa que tendremos que volver pronto al club para recogerla ¡como si necesitáramos una excusa! Esa fecha seguramente será la cuarta y última tirada nocturna del 27 de agosto.

En resumen, fue una experiencia muy interesante, la temperatura y ausencia de viento ayudó, el recorrido estuvo muy divertido y la patrulla muy agradable. Tirar de noche es una maravilla, falles o aciertes, y creo que Bastión de Alanos acertó totalmente en mudar sus tiradas de verano de las abrasadoras mañanas a las agradables noches de la sierra noroeste de Madrid.