WBHC 2017 en Florencia y Chianti, segunda parte

Este artículo es una continuación de la primera parte.

Jueves

El jueves volvíamos a competir los dos, con nuestros días de descanso ya agotados. Angela se fue al 5C para hacer la modalidad Hunter a 1 sola flecha con 10-16-20 de puntuación y yo al 6C en modalidad estándar a dos flechas con 10-8-5 de puntuación cada una. Este día hizo un calor horrible. El sol empezó a pegar fuerte muy pronto y el sudor constante arrancó a las 9 y no nos dejó hasta la vuelta a la casa donde nos alojábamos.

Buscando la sombra ya desde la mañana

En este día tuve la fortuna de tirar con Jaco Wessels, de Timberpoint y también con Thomas Hohn, otro prometedor fabricante de arcos francés. También me reencontré con Pavel, el checo del primer día y con Carlo Bartolini del martes. Cerraba la patrulla Wolfgang "Wolfie" Adler como capitán. Tampoco en esta ocasión fui anotador o capitán. Fue una patrulla con un alemán, un italiano, un francés, un checo, un español y un sudafricano afincado en Estonia, una pasada en cuanto a nacionalidades. Siendo el tercer recorrido de cuatro, podría haber habido algo de tensión y menos compañerismo (eso me temía yo) porque en una ronda estándar, tirando igual que en la animal, las diferencias de puntos son más fuertes y no sería extraño que hubiera gente imaginando una buena remontada. No sé si la gente lo pensaba o no, pero en ningún momento hubo poca deportividad o disputas. El inglés fue el idioma de la patrulla salvo para Carlo, que se manejaba con gestos y compartía su frustración por un mal día conmigo.

Un patrullón. De izquierda a derecha, el que escribe, Carlo, Pavel, Thomas, Jaco y Wolfie.

Este recorrido fue un cambio agradable porque en su mayor parte discurría por zonas arboladas muy tupidas y fáciles de transitar. Evidentemente, era todo subidas y bajadas con tiros con pendiente parecida. Salías de un grupo IV de dos erizos y llegabas a un grupo I a la máxima distancia de un jabalí en un tiro totalmente en picado y sin parapeto, sin tiempo para reaccionar. Precisamente la de los erizos la tenía en la cabeza. Angela me había dicho "ojalá no te toque en la piqueta de la izquierda cuando llegues a los erizos enanos porque hay una roca rompeflechas justo detrás". Cuando llegué a esa diana estaba en la piqueta de la derecha pero eso no significaba que fuera un tiro fácil. Aun sí, conseguí meter un "11" en la primera y un tocado en la segunda, así que fueron 15 puntos en una diana complicada. Ahora me arrepiento de no haber sacado una foto.

Thomas y Pavel contra no recuerdo bien qué

Pero la diana del día fue, sin duda, la penúltima. Una diana muy semejante a la última del martes. Un ciervo enorme sentado al final de una gran pendiente, con la distancia del grupo I al máximo. En esta ocasión me tocaba en la última pareja de tiro, piqueta izquierda, el resto ya había tirado con muy poco éxito. Carlo, recordando la última flecha del martes, me dijo sonriendo "tira igual que la otra" y yo le miré y asentí con la cabeza como diciendo "ahora verás". Y así fue, un tiro precioso, en esta ocasión en un túnel de árboles que solo se despejaba al llegar a la diana, pero la flecha voló directa al pulmón y la reacción instintiva en esta patrulla fue la misma, júbilo en 5 idiomas mientras miraba a Carlo de nuevo y él decía "Grande, Pablo". Ahora bien, en la ronda estándar se tiran dos flechas sí o sí, de forma que avancé los 3 metros a la siguiente piqueta y me dispuse a tirar de nuevo. Repetí todo con la misma calma y seguridad de la primera y la flecha voló hasta clavarse al lado de la primera, otro pulmón. Precioso, lo que no grité por fuera lo grité por dentro pero a mi alrededor solo oía palabras de elogio, no tanto por la puntuación o por mí, sino también porque había regalado dos tiros preciosos a mi patrulla, y un arquero o arquera salvo que vea esto sólo como un deporte, disfruta de un buen tiro sea suyo o no.

Aquí tirando con Jaco Wessels en la última diana del día

Con estas dos últimas flechas y las dos siguientes en la última llegué a los 225 puntos, que estaba francamente bien para el recorrido. La diferencia entre el primero de la patrulla, Wolfie y el último (¿quizá Carlo?) fue de más de 100 puntos, demostrando que esta ronda, la estándar iba a dar un vuelco en la clasificación para mucha gente, no solo para la zona intermedia de la tabla.

A punto de empezar. No supe de Angela hasta que nos encontramos en una pausa

Había coincidido con Angela en el punto de encuentro cuando a ella le quedaban 8 dianas y a mí me quedaban aún la mitad. Me dijo que su ronda Hunter le estaba yendo bastante mal y que tendría que remontar en las últimas 8 dianas. 8 dianas son 160 puntos así que todo es posible. Cuando coincidimos al final (terminé apenas 40 minutos más tarde que ella) había conseguido la remontaba sacando 60 puntos en esas últimas 8 dianas así que acabó claramente en alto, algo que puede explicarse en parte por el hecho de que en la ronda Hunter, al tirar solo una flecha, tardas más en "enchufarte" si el día ha arrancado mal. Pero, sobre todo, demuestra la capacidad de no venirse abajo y tirar las flechas con desgana. Yo creo que algo que enseña un campeonato de ese tipo es que hay que seguir tirando concentrado aunque solo sea por respeto al resto de la patrulla. Los aspavientos o insultos o el mal tono creo que aquí se ven peor. No es que no se toleren, cada cual puede expresar su alegría o frustración como quiera si no molesta al resto, pero creo que la patrulla tiende a mantener un tono constante a lo largo del día.

Nos tomamos un par de cervezas negras de grifo que de lo fresquitas que estaban y con el estómago casi vacío casi nos da una cogorza. Carlo insitió en invitarme y yo le di un pin y un parche de Ithilien. Fue una compañía siempre agradable y me alegré mucho de haber coincidido con él dos días.

Aquí Wolfie y Carlo saludan a la cámara. Wolfie estaba exultante con sus dos flechas

Esa noche, cuando consultamos la clasificación, Angela se había mantenido prácticamente igual gracias a esa remontada del final, es decir, en la mitad de tabla de unas sesenta arqueras, y yo había subido 13 puestos de golpe, llegando al 59 de 158. Si hubiéramos podido Angela y yo, habríamos decidido que el campeonato acabara en ese momento. Habíamos tenido un buen día, las sensaciones habían sido buenas, también las puntuaciones y el ranking reflejaba una situación inimaginable para nosotros meses atrás. Por parte de Angela, con su arco de 25 libras con dianas a las máximas distancias, demostrando la capacidad para jugar con la parábola de la flecha y por mi parte con apenas errores de lateralidad.

El entorno el jueves fue precioso

Estábamos particularmente agotados y eso que yo había descansado el miércoles, pero Angela llevaba dos días seguidos de paliza y se planteó seriamente dejarlo en ese momento. No se imaginaba disfrutando el último día, más cansada, con igual calor y con una ronda animal, la más larga y cansada con hasta tres flechas por diana. Cuando se acercó la hora de la cena, tomó la decisión, se plantaba el jueves y dejaba el viernes para levantarse tarde, leer un poco, quizá disfrutar la piscina y preparar la comida para cuando yo volviera de mi ronda Hunter. Creo que hizo lo correcto, tanto en sensaciones como en ranking para su primer campeonato mundial estaba fantástica y la probabilidad de que el viernes decayera mucho era alta. Ella no había venido al campeonato a competir, por lo que bajar súbitamente en el ranking no era algo que le preocupara lo más mínimo.

Viernes y final

El viernes me levanté a la misma hora que el jueves pero yendo solo yo tenía algo más de tiempo para calentar. Quería hacerlo para compensar que solo tiraría 28 flechas en la ronda Hunter, en el mismo recorrido que Angela el día anterior. Aparte de una ligera contractura en la espalda, en el trapecio izquierdo, me encontraba bien. Recorrí los 12 kilómetros hasta la zona del parking P3 y me puse a calentar en los parapetos para practicar la técnica y sobre todo la suelta. Me noté con el anclaje algo precipitado, lejos de los 3 segundos que debería tener para que cuando vaya más rápido al menos dure un segundo. Me fui entonces a la zona de los animales y tuve una buena ronda de flechas pero la tercera y útil fue un desastre. Tampoco me preocupó mucho, era solo un problema de distancias.

La patrulla del viernes estaba compuesta por dos alemanes, un austrico, un neozelandés y un italiano. Cuando llegué al puesto 10 estaban todos pero básicamente estaban los alemanes y el austriaco a su bola y el neozelandés, Tim, y el italiano, Corrado, en silencio esperando. Me propuse dar un poco de vidilla primero a Tim porque ¿cuántas veces vas a tirar con un neozelandés? y luego en mi itañol a Corrado, que lo agradeció bastante y me confesó que llevaba un campeonato en descenso continuo. Los alemanes y el austriaco fueron una causa perdida todo el día, hablando todo el rato en alemán incluso cuando anotaban la puntuación (ahí Tim, el capitán, pecó de novato y no se impuso nada).

Tim a la izquierda junto con uno de los alemanes

Empecé titubeante y me noté sin mucha confianza. Las propuestas a una sola flecha no parecían estar especialmente complicadas pero quizá por eso, por la novedad, no conseguía establecer una pauta mental. Las flechas se iban fundamentalmente bajas, muchas de ellas rozando el animal. La flecha en sí estaba perfectamente tirada pero se quedaba rozando el animal por arriba o abajo. Empecé a encadenar ceros en una patrulla en la que todo el mundo parecía tener su día y eso lo acusé mentalmente. Cuando llevas 40 puntos en 10 dianas y el resto ya ha superados los 100, tienes que mantener mucho la calma para no venirte abajo. El recorrido fue bonito pero hubo una parte en donde apenas había que andar, estaban como 4 ó 5 dianas a escasos metros una de la otra y yo que necesitaba despegarme un poco de los ceros no pude hacerlo porque enseguida llegaba la siguiente diana. Bueno, quizá esté tratando de encontrar las razones de que no empezara muy bien, a veces simplemente es que no estás fino y tampoco hay que darle excesivas vueltas.

Estuve hablando sobre todo con el neozelandés, con Tim, que se hacía sus propios arcos. Hacía unos cuanto años cazaba con rifle pero se acabó aburriendo, luego descubrió el arco de poleas pero también acabó viéndolo demasiado fácil y ahora por fin había llegado al longbow. El suyo era un longbow takedown, como bastantes que vi en el mundial, hijo de la moda de cuerpos grandes y pesados para dar la máxima estabilidad pero que a mí personalmente no me atraen tanto, prefiero perfiles más esbeltos y arcos más ligeros.

¡Una buena foto de grupo para terminar el día y el campeonato!

Cuando hicimos la pausa en el punto de encuentro quedaban 10 dianas y llevaba apenas 60 puntos así que me conjuré para remontar como hizo Angela. Efectivamente, en las últimas diez obtuve 78 puntos, es decir, a ritmo de unos 220 puntos, y me coloqué en los mismo 138 puntos finales de Angela. Una puntuación suficiente para dejarme mejor sabor de boca y aunque retrocediera en el ranking, mantenerme en la zona intermedia, que seguía siendo mi máximo objetivo.

Reconozco que entre que la patrulla no fue la mejor (diría que la peor de las cuatro que me tocaron), que no tuve buenas sensaciones (no quiero decir que tirara mal, tiré bien, pero mi cerebro era incapaz de darme seguridad con las distancias) y que no estaba ni Angela ni nadie de TRB o de categorías en donde conociera gente en los dos recorridos de esa zona, no quise entretenerme mucho más aparte de tomarme la cerveza fresquita. Me volví rápido al coche y al llegar a casa me zambullí en la piscina.

Cuando más tarde salieron las calsificaciones finales mi posición final fue la del 78 de los 158 participantes de AMLB (recuerdo, Adulto Male Longbow) con una puntuación final de 1169 puntos (que no dice nada si no se pone en perspectiva). Con estos puntos habría quedado 33 de 77 en la misma categoría pero veterano o el 77 de 119 en la categoría de AMTRB (el recurvo más tradicional con flechas de carbono). Comento el caso de AMTRB porque sirve para mostrar el nivel tan alto que hay de longbow en IFAA. Simplemente cogiendo a los diez primeros longbow y diez primeros Traditional, la puntuación media de los primeros es de 1521 puntos y el de los segundos, de 1588, sólo un 4.2% más, que se reduce aun más si quitamos a los dos fuera de serie de ambas categorías, a Thomas Hanus en longbow y a Christian Vorderegger en Traditional. No sorprende que el longbow sea la categoría reina de IFAA, la más numerosa y competida y eso es muy bonito de ver. Incluso las categorías de histórico están repletas de arqueros y arqueras.

Satisfechos con nuestra experiencia del mundial, fuimos a la ceremonia de clausura, entrega de premios y cena en el claustro del Convento de la iglesia de Santa María Novella, en el corazón de Florencia. Llegamos puntuales pero, al no haber indicaciones, tardamos en encontrar el portón de entrada que desembocaba directamente a un claustro muy amplio y bonito, con un jardín diáfano rodeado de las galerías con columnas, con sus paredes repletas de frescos enormes.

Angela, Jordi y Anna

Había mucho barullo y gente con los andares perdidos porque realmente no sabíamos cómo se iba a desarrollar el programa. Nosotros habíamos comprado el ticket para la cena así que fuimos a unas mesas redondas tipo boda vacías para encontrar un hueco y poder hacer fotos de la tarima que a unos 50 metros parecía que iba a ser el centro de atención con la entrega de medallas. Se sumaron Jordi y Anna y dos italianos, uno de ellos, Alberto, hablaba un español magnífico ("lo aprendí con un curso de cintas hace años"). A las 19.30h no empezó nada de lo que estaba previsto y a las 20.30h empezó algo que no estaba previsto, imagino, y es una sucesión de despropósitos que al comienzo nos dejaron con la boca abierta y al final ya estábamos con la risa floja.

Mejores vistas desde el baño

En primer lugar, la megafonía era muy débil y salvo que estuvieras a unos pocos metros de la tarima, no oías nada, sólo a alguien gritando cosas ininteligibles. Segundo, empezaron con los premios a los equipos nacionales (los países con la participación en medallas más destacada) pero por mucho que llamaron a Suiza, a Alemania y a Italia, allí no apareció nadie porque nadie entendía qué estaba pasando. Eso se pudo llevar 20 minutos directamente hasta que lo resolvieron. Luego empezaron ya con las categorías propiamente dichas y ahí básicamente le cambiaban la nacionalidad a uno de cada tres arqueros o arqueras. Recuerdo un caso muy llamativo en donde una Young Adult no me acuerdo de qué categoría, de Suiza, que había ganado el bronce, se encaró con el chairman de IFAA porque había dicho que era de Estonia. Tenía un enfado la muchacha que vamos... Mientras tanto, el chairman pedía perdón entre risas. No me he olvidado de la cena pero parece que la organización sí que lo hizo o dio instrucciones de no darnos de cenar hasta que la ceremonia de premios no estuviera bien avanzada (eso imagino, para que la gente de pie aplaudiendo no se quedara sin cenar). El caso es que el aperitivo llegó como a las 21h y el primer plato a las 22h, no exagero un pelo. La ceremonia terminó a las 23h y la cena a la misma hora. La cena estaba muy rica, eso lo teníamos claro todos, pero lo que no entendimos es por qué se empeñaban en servir a los asientos vacíos una y otra vez. Había mesas vacías con 12 platos con lasaña que habían sido servidas antes que nuestra mesa en donde había gente de carne y hueso. En fin, lo que hicimos para paliar esta forma de tratar la comida (espero que no la tiraran luego) fue repetir de nuestros compañeros comensales fantasmas.

Me interesaba especialmente capturar la medalla de oro de Nora, en Junior Female Traditional, que había apalizado a todas sus competidoras así que hice varias incursiones a la zona de la tarima, buscando hueco entre la multitud de participantes que seguían de cerca la ceremonia. Al final le llegó su turno y recogió su merecida medalla de oro, como Campeona del Mundo de su categoría.

Nora es Campeona del Mundo de JFTRB

A partir de ahí, y con la enorme cantidad de categorías de IFAA, preferí hacer fotos más "artísticas" mientras seguía la letanía de medallas, nacionalidades cambiadas por error y aplausos. Al final me quedé sentado en la mesa, disfrutando de la compañía y solo al final volví a encender la cámara para hacer una foto a los medallistas españoles que posaban en una zona apartada del claustro.

Durante la cena escuchamos más historias acerca de la mala organización del mundial por parte de la federación italiana y nos dimos cuenta de que habíamos visto la punta del iceberg pero es cierto que si la ceremonia de premios y la cena podrían haber sido una forma de acabar en positivo, más bien fue la constatación de que la organización italiana no había hecho un gran trabajo. Cuando ya nos levantamos para irnos, se esuchó desde una ventana de un piso superior, seguramente donde los servicios, un colérico "¡¡Organization Katastrophen!!" pero igual que la megafonía, no creo que nadie más allá de unos 20 metros lo oyera con claridad.

De izquierda a derecha, Isabel (bronce en Veteran Female Freestyle Unlimited), Mónica, Juanjo (bronce en Veteran Male Bowhunter Compound), José Luis Hervás, Nora (oro en Junior Female Traditional Bow), Begoña (plata en Veteran female Traditional Bow) y Natalia.

Quitando esta reflexión sobre la organización, el mundial para Angela y para mí fue una experiencia muy positiva. Disfrutamos mucho la naturaleza verdaderamente internacional de evento, la variedad de recorridos, la belleza del entorno y básicamente ver a tanta gente, 1700, compartiendo una pasión toda una semana. Noelia me recuerda que al estar el campeonato separado en dos grandes zonas, casi pareció que eran dos torneos y no uno, lo cual hace que el compartir las anécdotas y las experiencias se hiciera a veces más por el móvil que en persona.

Lo mejor fue sin duda tirar con gente de nacionalidades y procedencias tan diferentes en recorridos IFAA "puros" en un ambiente natural fantástico. La emoción de la competición en sí, aun muy atenuada por nuestra condición de amateurs totales, se dejó sentir en cada tarde-noche cuando revisábamos la clasificación de casi todo el mundo que conocíamos o con los que habíamos tirado. Lo peor fue el excesivo calor y una organización que pareció haberse tomado este campeonato del mundo como una serie de tiradas sociales. Dentro de los recorridos, todo bien, pero fuera de los recorridos la percepción fue de poca calidad y un poco de "que cada cual se busque la vida". Finalmente, creo que este mundial ha llegado en un momento adecuado en nuestra "carrera de arqueros". Tras cuatro años tirando ocasionalmente, nos hace madurar un poco en varios frentes en un momento en el que puede ser beneficioso experimentar un "cambio de ritmo".

En cualquier caso, la experiencia positiva no significa que vayamos a ir a cada mundial o cada europeo a partir de ahora, ni mucho menos, no queremos convertirlo en una cita obligada todos los años que de alguna forma condiciona el resto de las vacaciones del año, pero quizá en 2020, en el europeo que se celebra en Francia, sí que volvamos a aparecer y quién sabe si en otra categoría y dejo caer el "histórico".

Foto tomada a la vuelta en casa con nuestros dorsales y scorecards