SPTA Cream Shoot en Inglaterra 12-08-2018

Por tercer año consecutivo Angela y yo asistimos a la famosa tirada Cream Tea Shoot, organizada por la Society for the Promotion of Traditional Archery. Una tirada de 38 dianas de figuras animales 2D en un recorrido bosque seguida de una estupenda merienda con bizcochos y bollitos caseros.

Tiene lugar en la región de Devon, en el suroeste de Inglaterra, una zona particularmente bonita gracias al terreno repleto de colinas y bosques, alejado de las sosas llanuras de otras zonas del país.

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Tiverton. Fuente: Google Maps

La Society for the Promotion of Traditional Archery es una asociación nacida en 1993 para difundir el interés en la tecnología, historia, fabricación y técnicas de tiro de la arquería tradicional en todo el mundo. Organiza varias tiradas al año pero nos resulta imposible asistir a todas y tendemos a reservarnos las fechas del Cream Tea Shoot en agosto y la tirada St. George en abril de la que también hemos hablado en este blog.

Se da la bienvenida a todo el mundo y el ambiente es más festivo que competitivo pero sí se insiste en que tanto los arcos (y flechas) como las propias técnicas de tiro representen modelos tradicionales. Para que os hagáis una idea, un arco longbow moderno de los que solemos ver mucho en España (un flatbow con ventana) es de lo más "moderno" que se admite. Es una asociación que disfruta de un equilibrio muy sano entre favorecer el aprendizaje y respeto por formas tradicionales de tiro con arco (y no solo hablamos de Europa) al tiempo que es flexible y da la bienvenida a gente nueva sin problemas. Nosotros nos sentimos siempre como en casa y hemos aprendido mucho de la arquería tradicional en estos tres años siendo miembros.

Como hacer un viaje en avión para un solo día de tiro con arco nos parecía exagerado, fuimos el sábado a Gales al estupendo Wye Valley Archery Centre, un campo 3D privado regentado por el carismático y amante de los warbows Lee así que también hablaré un poco de ese día.

Sábado en Wye Valley Archery Centre, Gales

Habíamos volado de Madrid a Bristol el viernes por la noche. Desafortunadamente, los vuelos de Easyjet de Madrid a Bristol salen tardísimo y llegas a las 11 de la noche. Es lo que hay, pero esta vez optamos por alojarnos en un hotel al lado del aeropuerto y evitar tener que coger el coche de alquiler tan tarde.

Nos despertamos pronto, desayunamos en el hotel y fuimos a recoger el coche del alquiler en una de las empresas cerca del aeropuerto. Nos pusimos en marcha pasadas las diez y media y llegamos al Wye Valley Archery Centre cerca de las once y media de la mañana.

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Angela a punto de hacer el "check-in" en el cuaderno a su derecha, dentro de la acogedora a la par que desordenada caseta de Wye Valley archery Centre

Vimos a Lee a cargo de un curso de iniciación y decidimos esperar a que hiciera un descanso para saludarlo antes de meternos en el primer recorrido (tiene uno de 14 dianas y otro de 28). Hicimos bien, no solo por educación, sino porque nos sirvió para saber que hacía poco que había cambiado el diseño de ambos recorridos y que se entraba y se salía a ellos por sitios diferentes.

El cielo amenazaba lluvia pero de momento parecía que estaba respetando así que nos metimos rápidamente en el primer recorrido. Angela iba con su Slick Stick de viaje y flechas de madera y yo con Falco Force y flechas de madera.

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Contra un oso feroz

Efectivamente, el diseño del recorrido corto había cambiado bastante. Reconocíamos la zona, lógicamente, pero las propuestas eran diferentes. Las figuras 3D estaban bastante bien, algunas casi de estreno, y se disponían con el sistema de piquetas especial de allí, Plata, Roja, Azul y Blanca. La azul es lo más parecido a la azul de WA (quizá a veces un poco más lejana) así que es una buena forma de empezar el día.

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Angela saluda feliz a la cámara. Acaba de meter un flechazo a la cabra

Se nos dio bastante bien y eso que no pudimos calentar porque el curso había copado los parapetos de calentamiento. Estuvimos a nuestras anchas todo el recorrido sin apenas perder tiempo entre diana y diana en un terreno que conjuga perfectamente bien bosque y zonas abiertas.

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El entorno era precioso

Se nos hizo tan corto esta primera vuelta que todavía no teníamos hambre para ir a comer y nos volvimos a meter en el mismo recorrido pero esta vez a una flecha por diana (con segunda opción en caso de fallo). Descubrimos que nos habíamos confundido en la primera vuelta y saltado 4 dianas (ya decíamos que se nos había hecho tan corto) así que en realidad descubrimos casi un tercio del recorrido de nuevo.

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Una de las propuestas más originales, una auténtica trampa para flechas

Angela sentía una ligera molestia en su hombro de arco que le provocaba un pequeño temblor en el brazo de arco, por lo que no siempre tiraba completamente cómoda. Aún así, dado que la técnica la acompaña siempre, los pequeños errores que esto pudo introducir apenas tuvieron un efecto negativo. Por mi parte, me encontraba muy a gusto con mi Falco ejecutando tiros muy bonitos.

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Recogiendo tras la segunda vuelta al recorrido corto

Al terminar la segunda vuelta ya sí teníamos algo de hambre así que nos montamos en el coche y nos fuimos a un pub a unas pocas millas llamada Groes Wen Inn, que forma parte de la cadena Vintage Inns y en donde el hijo de Lee trabaja como Chef (o eso creemos).

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No era para tirar cohetes pero estaba decente

Se trata de un pub en un edificio que tiene pinta de histórico pero lo más importante, aparte de que el lugar es muy entrañable y acogedor, es que la comida está bastante decente. Está claro que buscan innovar un poco sobre la típica comida de pub inglesa que es sota, caballo y rey (fish and chips, hamburguesa y "pie").

Cuando estábamos esperando nuestros platos empezó a llover fuera. Al principio parecía un estilo calabobos pero luego aquello se fue haciendo más intenso y aunque no teníamos ninguna prisa y estuvimos tomando el postre y el café muuuuy relajadamente, al final tuvimos que volver al coche y confirmar que el cielo estaba bien de nubes lloronas. Se me ocurrió que podíamos hacer un poco de tiempo yendo a la tienda de tiro con arco de la zona, Wales Archery, que ya conocemos de otros viajes y así lo hicimos. Angela se quedó repanchingada en el asiento del copiloto reposando la comida mientras yo probaba algunos longbow ingleses en la sala de tiro de la tienda. Mi pequeño ego me obliga a escribir aquí que me encantó poder coger dos longbows (eran dos Bickerstaffe) y agrupar perfectamente hasta seis flechas con cada uno ante la sorprendida y curiosa mirada del dependiente y otros compradores. Sí, se puede coger un longbow inglés y no repartir las flechas por toda la diana.

Afuera seguía lloviendo y me había quedado ya sin excusas para seguir en la tienda así que volví al coche y del coche nos fuimos a Wye Valley Archery Centre. Decidimos armarnos de paciencia y esperar una hora a que parara. Nos bastaba con que lloviera poco para salir del coche y montar los arcos pero es que eso iba a más. Nos lo tomamos con filosofía, no teníamos prisa ni ningún otro plan B más que volvernos al hotel así que ahí nos quedamos.

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Nos entreteníamos como podíamos en el coche :)

Al final, viendo que la cosa no amainaba, salimos del coche, nos metimos en la caseta del club y tras saludar a Lee de nuevo le dijimos que nos teníamos que ir. Nos dio las gracias por venir desde tan lejos, nos hizo una rebajita en el precio del día y nos volvimos al hotel, parando antes en un pueblecito histórico y en su muy curiosa taberna "Princes Motto" en donde cenamos también muy bien.

Os dejo un vídeo corto resumen del sábado.

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Domingo en el Cream Tea Shoot, Devon, Inglaterra

Cuando abrimos las cortinas de la habitación a la mañana siguiente el panorama fue un poco desalentador. El cielo seguía cubierto y llovía. Y así lo siguió haciendo casi todo el camino hasta la granza Furze, en Tiverton (Devon).

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Vista satélite de la granja, con terrenos al norte y al sur empleados para la tirada

Esta granja, propiedad de una pareja de granjeros retirados, es sede habitual del club de tiro con arco Kyrton Archers, club con una estrecha relación con la SPTA a través de sus miembros. Se trata de un lugar maravilloso en donde adentrarse y hacer auténtico recorrido bosque.

Afortunadamente, cuando aparcamos el coche dentro de la granja ya no llovía. Montamos nuestros arcos y preparamos el resto del equipo y fuimos al encuentro de viejos conocidos de la SPTA. Naturalmente saludamos a Hilary y a Richard, así como a Matt, Claire, Dennis Couling y a Steve J Campbell, que recordábamos del St. George's Shoot y a muchos otros incluido Andrew Coleman y sus hijos. Echamos en falta a Jonathan y a Angharad que tuvieron que cancelar su presencia a última hora para estar junto con el padre de Jonathan, abuelo de Angharad, que estaba recuperándose de una grave enfermedad.

El arranque de la tirada se hizo esperar porque Matt estaba en el campo terminando de montar alguna de las últimas propuestas. Eso simplemente hizo que tuviéramos más tiempo para disfrutar de un té calentito y charlar con la gente.

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Nuestro equipo listo para la acción

Por fin llegó la señal para reunirnos todos en torno a Hilary para que nos diera a conocer las normas de la tirada y nos pusimos en marcha para nuestras dianas de salida. El recorrido estaba diseñado en tres "loops" o vueltas, todas ellas con el mismo origen, cercano a la granja. Este sistema de "loops" es muy habitual en Inglaterra en donde se aprovechan los finales de "loop" para descansar y tomar una taza de té con algún bocado más o menos grande.

Nuestra patrulla estaba formada por Steve, que por una grave lesión en su hombro izquierdo no podía ni soñar con tirar, Richard y nosotros dos. Richard iba con uno de sus viejos longbows ingleses en lo que él creía que podía ser de las últimas tiradas con él tras muchos años de buen servicio pero ya obvio "cansancio" de la madera. Steve se encargó de certificarlo con fotos y vídeos durante la mañana a petición de Richard.

El recorrido no defraudó lo más mínimo. Siguiendo el espíritu de la SPTA, tres piquetas a distancias decrecientes (pero no necesariamente dificultades decrecientes) servían a hasta tres intentos de lograr clavar la flecha en el cuerpo o en la zona vital del animal. Muy habitualmente, casi como si fuera obligado, el pie más adelantado del arquero debía tocar la piqueta mientras el resto del cuerpo se contorsionaba para evitar toda clase de obstáculos en el vuelo de la flecha. Esto en España provocaría numerosos "¡Venga ya! ¡Así no se puede tirar!" pero en la SPTA solo provoca risas resignadas.

Los cuatro estuvimos siempre en buena sintonía y comentando cada lance con humor y mucha deportividad. Ninguno hicimos caso del consejo de Hilary "si no ves el tiro, no tires la flecha" así que tuvimos nuestra ración de flechas desviadas por ramas en el camino. Uno puede ver el camino entre las ramas y demás obstáculos relativamente claro pero la flecha no avanza recta, culebrea y se comba durante el vuelo y se hace "más ancha" en la práctica. Ahí es cuando ese estrecho túnel por el que planeamos enviar la flecha se convierte en una trampa.

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Angela, Richard y yo. Foto de Claire Miller

En cuanto a sensaciones, los tres empezamos relativamente bien y con puntuaciones muy semejantes pero la dificultad de las propuestas se notaba y, de media, impactábamos con la segunda flecha en el cuerpo. He dicho "de media" y en este caso no se cumple "de moda" porque apenas tuvimos segundas flechas que impactaran en el cuerpo, era más bien primeras flechas o terceras flechas. Independientemente de la puntuación, uno puede saber si está tirando bien y los tres teníamos motivos para estar satisfechos. Angela, quizá, en alguna ocasión tiró alguna flecha incomprensiblemente (para ella) baja y a la izquierda del animal) y sospechó que podía deberse a la molestia en el hombro de arco del día anterior.

Cuando concluimos el primer "loop" estábamos frescos y con ganas de seguir tirando flechas así que optamos por no hacer ningún descanso y adentrarnos de nuevo en el precio bosque. Como había estado lloviendo los días anteriores tras un verano bastante caluroso y seco en Inglaterra, en lugar de encontrarnos sin riachuelo y sin su agradable sonido del agua corriendo, todo estaba como "debía estar", verde y húmedo. También es cierto que había más "midges" o mosquitos enanos que me dejaron la pierna izquierda acribillada, pero eso solo lo descubrí al día siguiente.

En un momento determinado comenzó a llover pero las copas de los árboles hicieron de paraguas y apenas notamos el agua salvo en alguna zona más abierta. En todo caso, era un bonito sonido de ambiente.

Richard y Steve nos comentaron que este año se había notado un descenso en el número de inscritos en diversas tiradas en todo Reino Unido. Comparando con 2017, 2018 estaba siendo un mal año, con algunas tiradas importantes teniendo que cancelarse por falta de asistencia. El Cream Tea Shoot, aún con una participación generosa, también había sentido esa tendencia generalizada. Me pregunto si 2017 fue un año especialmente bueno con el que es injusto compararse o si 2018 realmente era un año para olvidar. No dedicamos más tiempo a este tema pero me quedé con ganas de explorarlo en el futuro.

En este segundo "loop" cubrimos un terreno más empinado y había numerosos tiros en fuerte pendiente, sobre todo hacia abajo y bastante lejanos. Las figuras de animales que usa la SPTA, que son "propias", son en general pequeñas si las comparamos con sus equivalentes 3D a la misma distancia a lo que hay que sumar que no todo el cuerpo vale ya que la zona de puntuación recorre el interior del animal, nunca se adentra en el plumaje y pocas veces en las patas. Mis datos me dicen que una persona que hace en un recorrido 3D 300 puntos, hará no más de 170 si la colocan en un recorrido de la SPTA usando el sistema de anotación de WA, claro.

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Richard justo tras la suelta

En cualquier caso, en este segundo loop yo me encontré muy seguro ejecutando bien la técnica y teniendo también buenos resultados. Richard también apreció mejoría en la puntuación respecto del primer "loop". En el caso de Angela, ocurrió todo lo contrario, empezó a abrir menos y a soltar peor y encadenó tres o cuatro tiros muy malos. Se conjuró para abrir bien de espalda y tirar bien y, efectivamente, volvió a tirar como ella sabe hacer. La rabia fue la mala suerte con las ramas, que parecían estar colocadas para su altura y parábola de tiro independientemente de si tiraba de pie, contorsionada o de rodillas. En puntuación pegó un bajón notable.

Así que la pausa para comer fue bienvenida por todos por diferentes motivos y allí, en el "punto de encuentro", pedimos algunas pseudohamburguesas y pinchos morunos para recuperar fuerzas y nos sentamos a disfrutar de un cielo que dejaba asomar el sol de forma generosa por primera vez en el día.

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¡El catering!

Estas pausas son para mí las perfectas. En primer lugar, haces un descanso cuando llevas tiradas unas 60 flechas, así que no te sientes "interrumpido". En segundo lugar, realmente te sirven para descansar un poco, comer algo y saciar el hambre. En tercer lugar, hay gente haciendo lo mismo que tú pero no hay "tromba" así que el goteo de personas que vienen y van te permite interesarte por cómo está yendo el día al resto de la gente. Finalmente, y muy importante, te pones de nuevo en marcha cuando quieres, no tienes que esperar a nadie (salvo al consenso de tu patrulla) ni de la organización ni del resto de patrullas para volver a meterte en el bosque. El único error que puedes cometer es atiborrarte de comida y quedarte "pesado" pero estando en el Cream Tea Shoot, la promesa de bizcochos y pastelitos caseros para merendar es una gran vacuna contra ese error, os lo aseguro, la gente come lo justo y necesario para seguir tirando y nada más.

El tercer "loop" arrancó sobre las 14.45h y Steve decidió no acompañarnos esta vez porque se encontraba un poco cansado e incómodo con su cabestrillo así que fuimos Richard, Angela y yo. En este loop había una combinación loca de todos los tiros que pudiéramos desear. Largos y rectos, picados hacia arriba, hacia abajo, con varias dianas vinculadas a cada piqueta de la propuesta e incluso las famosas "ratas chillonas".

Las "ratas chillonas" son un clásico de la SPTA. Se disponen dos ratas de peluche duro que chillan si les aprietas el cuerpo con fuerza (un efecto de aire de toda la vida). Las colocan en una bolsa de tela de arpillera con relleno dentro a modo de parapeto y te ofrecen flechas "blunt" en donde la punta está cubierta por un tapón de plástico. El objetivo es lograr impactar en las ratas y que éstas chillen. Solo se consigue si impactas de lleno en su pequeñita espalda, algo que hasta ahora (y van años) nadie había conseguido.

Les presento a Angela y a su "blunt" arrow traída desde España para la prueba. Unos días antes le había dicho "te voy a meter esta blunt tuya que al no tener plumas flu-flu y pesar relativamente poco, te puede dar una mínima oportunidad con tu arco de 25 libras". Pues llegó ese momento, Angela se encaró con las ratas, eligió la de la derecha, pretensó, abrió, ancló, se tomó unos segundos, salió la flecha disprada y se oyo "¡ñik!" No fue un gran chillido pero se oyo claramente tanto por Richard como por mí. Angela nos miró como dudando pero le confirmamos que sí, que la rata había sonado. Yo fui a continuación inspirado por tal hazaña y puse todo mi empeño en impactar con la primera flecha, una blunt y flu-flu que había junto con otras en un cubo. Le rozó la cabeza. ¡Uy! Pero la segunda dio de lleno y de nuevo se oyó un "¡nik!". ¡Habíamos conseguido hacer chillar a las ratas! Y teníamos a un testigo de excepción, Richard.

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Uno de los pasajes por el que tirábamos a una diana fuera del camino, en un abierto

Por lo demás, este tercer "loop" fue una recuperación espectacular de Angela que mejoró incluso el primer "loop". Yo me mantuve muy parecido, lo cual fue una buenísima noticia porque iba a un ritmo excelente. Richard, por el contrario, acusó un bajón considerable. Nos dijo que estaba falto de foco. Yo luego pensé si su reciente plan estricto de dieta y deporte le habían dejado, no agotado, pero sí con menos energía. Y la energía no se va solo en los músculos, el cerebro exige lo suyo. No soy un experto así que no sabría decir.

La última diana del día la reservamos para el elefante. Un mamotreto gigante que colocan a ni se sabe la distancia (calculo que 80 metros). Con el viento pegado de costado había que compensar bastante. Yo clavé dos en el suelo y la tercera, con buena altura se fue empujada por el viento a dos centímetros de la izquierda. Angela dio con la segunda flecha en la cabeza y Richard clavó una preciosa tercera flecha muy cerca de la zona vital.

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Richard extrae su magnífica flecha con la ayuda de una escalera. La mejor de Angela es la de la cabeza. Nótese mi mala fortuna con mi flecha casi tocando la pata izquierda

Con estos tiros lejanos, a la hora y veinte concluimos el tercer "loop" y nos dirigimos de nuevo al punto de encuentro donde sabíamos que ya no nos moveríamos hasta las seis de la tarde.

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La espera... Hilary hace todo lo posible por distraernos y posponer la toma por la fuerza de la cocina de la granja

Aún tuvimos que esperar una hora hasta que todo el mundo volvió y pudieron sacar las bandejas de pastelitos y bizcochos que estaba espectaculares.

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Angela y su ración de felicidad. Foto de Richard Hornsby

Es cierto que comimos con los ojos pero el apetito pudo acompañar sin problemas y nuestros platos repletos acabaron bien vacíos a costa de nuestros estómagos, que en cierto momento gritaron un muy responsable "¡basta!".

En un ambiente muy relajado y distendido combinando carrillos llenos y reflexiones filosóficas transcurrió la siguiente hora. Todos coincidimos en que la merienda estaba deliciosa y coqueteábamos con la idea de no tener que cenar. El tiempo al final había sido relativamente benigno y aunque no lucía ningún sol, la temperatura era agradable así que la mayoria estábamos repartidos por las mesas del exterior aunque no pocos se contentaban con el enorme cobertizo contiguo donde en una pizarra la gente anotaba las flechas perdidas y pistas para localizarlas.

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Estaban tan ricos como la pinta que tenían

Finalmente llegó el momento de la rifa, en donde por unas pocas libras canjeabas una buena colección de números. Tuvimos suerte y nos llevamos una botella de cerveza tipo "ale" que despachamos esa misma noche en el hotel por no poder llevárnosla de vuelta en el avión. Todo el dinero de la rifa va a las arcas de la SPTA que a su vez suele destinarlo a acciones benéficas relacionadas de en mayor o menor medida con la propia actividad de tiro con arco tradicional. La más destacada es la ayuda en la construcción de un colegio en Nepal tras los devastadores terremotos de hace unos años vía la comunidad arquera nepalí que vive en Reino Unido.

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Steve tuvo la paciencia necesaria para no tirar flechas pero participar de la merienda. Foto de Richard Hornsby

Tras la rifa, solo quedaba dar las gracias a todo el mundo y repartir algunos regalos. Estos regalos-premios se deciden a discreción de la organización y pocas veces tienen que ver con las puntuaciones (aunque se puede hacer mención a ellas). Nosotros fuimos elogiados por haber podido demostrar, ya sin ninguna duda, que las ratas sí chillan, algo que nosotros mismos habíamos puesto en duda en el pasado, y Angela y yo nos llevamos sendas tazas conmemorativas.

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Una tazas arqueras para todo tipo de usos

Con esto se dio por concluida la jornada y la gente empezó a guardar el material, despedirse y coger el coche rumbo a sus casas (o a sus hoteles, en nuestro caso).

Angela y yo queremos agradecer de nuevo todo el esfuerzo de la organización por ofrecernos una tirada tan particular como la Cream Tea Shoot. Es una combinación perfecta entre tiro con arco tradicional, recorrido bosque de dificultad alta, buena compañía y una meriendia fabulosa.

Os dejamos con un vídeo resumen del día.