[Artículo invitado] The Longbow, de Mike Loades

Tengo el placer y el honor de inaugurar esta nueva sección en Aljaba dedicada a la reseña de libros, con el propósito de concentrar en este blog reseñas, descripciones y recomendaciones de libros sobre tiro con arco que puedan ser interesantes. En ocasiones he buscado alguna referencia fiable para investigar algo en profundidad y siempre me ha resultado muy difícil encontrar información sobre literatura arqueril y fuentes en general, especialmente en castellano.

Podéis leer sobre mi en la crónica que publiqué hace unos días sobre la V jornada de Liga de Arqueros de Madrid.

El libro con el que abrimos la sección es The Longbow, de Mike Loades. En la reseña incluyo varias citas, que dejo en inglés por respeto al texto original y porque la reseña puede seguirse perfectamente sin las mismas.

El autor

Mike Loades es un historiador británico especializado en armas medievales. Ha participado también como asesor o preparador de escenas de acción en algunas series y documentales.

Su obra más reconocida es Swords and Swordsmen, que analiza en profundidad el desarrollo de la espada como arma combinado con su uso por personajes relevantes de diversas épocas y culturas.

El libro

The Longbow es el segundo libro de este autor, en esta ocasión sobre una de las armas más icónicas de la historia: el warbow o longbow inglés.

Esta corta pero completa obra (unas 80 páginas) cubre desde el desarrollo y fabricación del longbow, las características y entrenamientos de los arqueros que lo usaban, a su uso y relevancia en campañas militares. Todo además salpicado por decenas de ilustraciones, fotografías originales y dibujos para completar y matizar las descripciones.

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The Longbow, de Mike Loades. Editado por Osprey Publishing

Nota curiosa: en la magnífica ilustración de la portada a cargo de Peter Dennis, el cuarto arquero por la izquierda representa al propio autor :-)

Esta interesante cita del libro sirve como cierre para el capítulo de introducción, y como arranque perfecto para mi análisis:

Archers faced a mighty and impressive foe. The most glorious, most splendid and possibly the most powerful warrior ever to put his stamp on the battlefield was the fully armoured medieval knight. He engaged the enemy by smashing into him, and it was the archer’s task to stop the knight in his tracks. The bowman did not always pull it off – but when he did, he became the stuff of legend.

Tras la introducción, el autor describe detalladamente y con numerosas referencias bibliográficas la genesis del arco como arma y su desarrollo a lo largo de la historia. Una de las primeras referencias data del Neolítico, tras el descubrimiento en de los restos congelados de Ötzi, un arquero cuyos restos aparecieron en Los Alpes en 1991 con un arco de tejo datado del 3.300 AC.

En paralelo al desarrollo del arco como arma el autor también describe con detalle la evolución de las armaduras medievales desde escudos o yelmos a las armaduras y corazas de cuero hervido, mallas o placas.

Es asimismo interesante el repaso que el autor hace a la misma construcción de arcos y flechas, con bastante foco y detalle en referencias bibliográficas para justificar fechas, cantidades y materiales de construcción. Como ejemplo, la siguiente cita:

In 1360, 500,000 arrows were delivered to the national arsenal at the Tower of London, making an impressive addition to the existing stocks; this followed a consignment of 850,000 arrows sent the previous year (Hardy 1992: 84). In 1417, just two years after Agincourt, an order went out for six feathers from every goose; a year later the counties had to supply 1,190,000 goose-feathers to the Tower (Hardy 1992: 83). The Tower of London wasn’t the only receiving depot; 11,000 arrows were dispatched to Bristol prior to the Crécy campaign in 1346 (Hardy 1992: 83), and we may imagine various other regional repositories garnering similar numbers. Other sporadic statistics hint at the scale of supply, which, naturally enough, escalates considerably both just before and just after a campaign.

Al hilo de los costes de fabricación, el autor hace una reflexión que me pareció bastante interesante. En varios momentos de la historia de Inglaterra está documentado que se exigía a los arqueros que quisieran alistarse que aportaran junto a su arco un haz (sheaf) propio de 24 flechas. Esas veinticuatro flechas podían suponer más de 5 días de salario para el arquero, de forma que además de aportar entre todos los arqueros al conjunto general de munición el arquero interiorizaba el verdadero valor de cada flecha que disparaba.

El apartado dedicado a la fabricación de flechas culmina con un análisis detallado de los tipos de punta utilizados en la época medieval, explicando y justificando (en base a textos o cuadros de la época) su idoneidad tanto para los distintos tipos de armadura o protección como para su uso en ataques o asedios a ciudades o barcos.

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Algunos de los tipos de punta usados en la edad media - Fuente: Wikimedia Commons

El capítulo más extenso del libro es el referente al uso del warbow o longbow inglés, tanto en entrenamiento (incluso orientado al ocio) como en la práctica profesional (eminentemente militar). Entre las técnicas y juegos usados para entrenamiento que el libro detalla, me resultó curiosa la llamada Clout (cloth) shooting (tiro al paño), consistente en disparar desde unas 240 yardas (220 metros aprox) a una diana de paja enrollada de unas 18 pulgadas de diámetro (45 cm) cubierta con un lienzo de tela, en cuyo centro había una piqueta de madera conocida como prick (pinchazo). Para una distancia tan larga, los arqueros preparaban flechas especiales ultra-ligeras (llamadas prickshafts en los textos de la época) que rara vez usaban para otro propósito.

Este juego llegó a ser muy popular en el s. XVI. Para poder mejorar sus resultados, los arqueros contrataban los servicios de lo que se conocía como marcadores, que se situaban peligrosamente cerca de la diana para indicar si las flechas se habían pasado, quedado cortas, desviado a un lado o a otro. Hay referencias de un hecho trágico (y no sería el único) presenciado por la misma Reina Isabel I:

Queen Elizabeth I was present at an unfortunate incident involving a marker in September 1569: Anthony Hanmer, in a shooting match … struck his own man who gave him aim, in the head with a prickshaft, in presence of a great number of gentlemen and others, whereof he is now dead. The shaft was well shot towards the mark, and his man that gave aim, desirous to see his master win, would not avoid when he was willed by crying to from both the marks, but wilfully abode at the mark, and died by his wilfulness. (CSPDEA 1871: 83)

Un precursor (o posible origen) de los actuales campos de tiro con arco de bosque sería lo que llamaban shooting at the marks (tiro al poste), consistente en disparar a dianas fijas en forma de postes de madera a distancias predeterminadas que variaban entre diana y diana. Estos recorridos aprovechaban la orografía y los obstaculos naturales del terreno para complicar el tiro. Según las referencias del autor, en 1498 el alcalde de Londres designó una zona de unas 4,5 hectáreas en Finsbury Fields para la práctica del tiro con arco. En 1594 un mapa de esa misma zona refleja un recorrido con 194 postes a distancias de 120 a 315 metros. Alucinante.

También se menciona el origen del juego conocido como popinjay, que empezó siendo un mero entrenamiento para batallas navales, en las que es urgente liquidar al arquero enemigo que dispara desde la el nido de cuervos del mástil mayor.

Es también interesante el análisis que hace el autor acerca del uso del longbow en combate militar en todas sus vertientes: ataque a infantería o caballería, asedio a ciudades o castillos, defensa desde ciudades o castillos, y batallas navales.

En este punto el autor destaca la enorme importancia que tuvo durante muchos siglos el longbow para los éxitos militares, especialmente de Inglaterra. Varias batallas se analizan en detalle, especialmente el momento histórico en el que (según el autor) el longbow fue más decisivo la Batalla de Crécy, que se puede resumir como un duelo entre los longbows ingleses y las ballestas del ejército francés.

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Longbows contra ballestas tal y como se representó en el manuscrito del s. XV Crónicas de Jean Froissart - Fuente: [Wikimedia Commons]

Es sabido que tras el período Tudor el longbow dejó de tener una gran relevancia como arma terrestre, siguió siendo esencial a bordo de la armada inglesa durante la Época Isabelina. Las armas de fuego (arcabuces) de la época eran mucho más lentas y menos precisas en situaciones con objetivos móviles (tanto como el propio arquero), habituales de alta mar. Hay una anécdota magnífica al respecto, que dejo a continuación:

Recalling an encounter off the coast of San Francisco with a Spanish treasure ship in 1579, Sir Francis Drake’s cousin John recounts that the Spanish captain refused to give up, even after a cannon shot had damaged the mizzenmast. It was not until ‘an arrow shot wounded San Juan de Anton’, the captain, that he struck sail and submitted (Nuttall 1914: 49). There was a precision to a longbow, even on a rolling deck, that could not be matched by the slow-firing arquebus of the time.

Para concluir el autor dedica un pequeño capítulo a medir el rendimiento del longbow como arma, realizando diversas pruebas de distancia, velocidad e impacto con longbows fabricados con metodologías y materiales medievales. A partir de esas métricas se pueden extraer conclusiones interesantes respecto a la poca utilidad de las voleas de flechas (tan usadas en cine y televisión) o la dificultad de atravesar cierto tipo de armaduras.

Conclusión

Un libro muy interesante para los amantes del tiro con arco en general y del longbow en particular, hay mucho material interesante condensado en apenas 80 páginas.

He aprendido bastante tanto de la propia práctica como de la influencia e importancia histórica del longbow, en muchas y diversas situaciones. El libro ofrece una buena visión general, pero tengo marcadas muchas referencias y notas bibliográficas en las que trataré de profundizar.

Muy recomendable.